Tómatelo de la forma más amable que se te ocurra. Todos lo somos, en ese contexto no es que seas especial o anormal.
No sé si con esto te he animado o deprimido más. Creo que mejor te lo explico de forma más detallada.
Eres un disco rayado.
Pero MUY rayado.
A lo bestia de rayado.
Nuestro cerebro, psique y cuerpo funcionan al unísono y en bucle. Una orquesta sinfónica que a veces produce una música espectacular y a veces es mejor ponerte tapones para no escuchar. La cuestión es que esa orquesta lleva reproduciendo la misma canción un par de años, básicamente toda tu vida.
Vaya, un planazo de concierto, ¿verdad?
Llevas reproduciendo los mismos pensamientos, que te llevan a que tomes las mismas decisiones, que te dirigen a realizar las mismas acciones, a tener el mismo tipo de comportamiento y generar las mismas experiencias.
Estas experiencias, te producirán unas sensaciones que a su vez tu cuerpo captará como unas emociones específicas que te llevaran OTRA VEZ al mismo pensamiento. Y vuelta empezar.
¡Vámonos!
¡Manos arriba que llega el estribillo!
Y luego llega la gran frase, de las que oyes y el cubata se te atraganta, se «va por el otro lado» y terminas moqueando ron con cola:
Es que soy así.
Ostia p*** .
Y que remedio, pobre.
Acompáñame en esta triste historia.
Y es que tu cerebro está programada en un patrón finito que en la etapa de la adultez se convierte en un conjunto de programas que conforman tu personalidad. Y al fin y al cabo, tu identidad.
Te conviertes en una serie de comportamientos memorizados. De hecho, forman el 95% de tu software mental.
El 5% restante, o 8, o quizás 9%, pero muy poco, vaya: es tu consciente.
Este pequeño % es el que llenas con conocimiento, con libros de autoayuda, con seminarios de amor propio, con «folladas mentales» para compartir con tus amigues y hacerte el/la interesante hippie/punki/espiritual/neoliberal con algo que contar.
Con mucho amor, eh. (Y no quiero decir que nada de eso sirva, tampoco es la idea).
Y siendo así, querid@ lector@, te vuelves un ser predecible que se repite a sí mismo dentro de un mismo «patrón neuronal» y «mapa hormonal» aprendido en un pasado.
Entonces, vives tu vida a través de las experiencias del pasado.
Y para ponerle sal a estos «sesos revueltos«, encima, el gracioso del cerebro intensifica la experiencia presente (dentro de ti) para reafirmar la experiencia del pasado.
Es decir (y para que nos entendamos): Realmente la realidad que vives no «es» tan intensa como tú la sientes. Si no que Tu cerebro, tu psique, tu filtro, la captura inconsciente y la bioquímica corporal, se ven condicionados a esta realidad.
Un filtro de intensidad que normalmente varía del «drama queen/king» al «optimista tonto», sin regular un punto medio.
Y aquí es cuando veo a la vida, riéndose a carcajada limpia y gritándote: «No hay que dejar las anfetas al alcance de los niños».
Tu cuerpo, cariño, vive en la experiencia de un niño las 24 horas del día.
Lástima que normalmente no sea en el sentido más positivo. Si no en el traumático. Y el trauma infantil se convierte en una droga que buscas en tu adultez.
Cambiar es superar el condicionamiento del cuerpo a vivir en el pasado. Y si, se puede.
Pero hay que dejar de meterse esa droga.
Y lo primero es ser consciente de que eres un@ yonki de tu pasado.
Y a partir de ahí, pa’lante como los de Alicante.
Y ahora, querid@ niñ@, dime ¿Cuál es tu droga del pasado?
¿Nos desenganchamos?
Firmado:
Marga Hope.
Presidenta del club hippie/punki/espiritual/neoliberal/anarquista para drogadictos a las creencias limitantes y a las heridas del pasado.
Pd: Regalamos pins y chapitas.
Ayúdanos con la causa.
Por un mundo sin droga, o al menos de la que condiciona.
